Los muggles son extraños. Se ven muy graciosos corriendo de un lado para el otro, con sus valijitas, mirando sus muñecas. ¿Por qué estarán tan apurados? Si tan solo supieran que con un simple movimiento de varita y un hechizo las cosas serían más fáciles...
- Greta, ¿qué mirás tanto? ¡Se va el tren! Son las once menos cinco
Volví la cabeza hacia mi madre, que se encontraba entre las columnas 9 y 10. Mi padre estaba a su lado, apurándome con la mano. Dios, ¿para qué sirve tener magia si tenés que seguir las normas del tiempo?
Corrí a su encuentro y cruzamos juntos la barrera. Naturalmente, ya estaban todos los demás alumnos del otro lado; muchos despidiéndose de sus padres, otros subiendo al tren. Había muchas caras conocidas, pero no tenía ganas de saludar a nadie.
Siovanne debía de estar ya arriba del tren. Conociéndola, debía de haber llegado temprano y elegido un buen compartimiento. Me despedí velozmente, depositando un beso en cada mejilla de mis padres. No llegué a escuchar todo lo que decía mi mamá, mientras que mi papá subía mis cosas al vagón. Me subí de un salto a este, cuando ya estaba por arrancar.
Saludé con la mano a mi familia hasta que se perdieron en la distancia. Agarro mis cosas, que nunca habían pesado tanto, y me dedico a buscar un lugar para sentarme. Seguramente, Siovanne me guardó un asiento (más le vale).
El pasillo estaba repleto, e inevitablemente, mis cosas se llevaron por delante a un par de personas, y mi lechuza Canela ululó débilmente. Como no podía ser de otra manera, me encontré con gente conocida. Jackie y Sam, los prefectos de Gryffindor, estaban hablando en la puerta de un compartimiento. Saludé a ambos, pese que al chico no lo conozco mucho.
Seguí caminando por el corredor, asomando la cabeza en cada compartimiento, hasta que finalmente la encontré en uno de los últimos. Ahí dentro ya estaban todas. Ninguna tenía mi estúpido problema con el tiempo. Sin esperar más, entré.
Annette hablaba de manera entusiasta con Siovanne, que asentía con la cabeza de vez en cuando. Tal vez ni la escuchaba. Me reí ante esta idea.
Rachel y Erica, quienes hablaban también, pero no con tanta emoción, se percataron de mi presencia y me ayudaron con las cosas. Estoy feliz de verlas a todas.
Una vez que saludé a las cuatro, me senté al lado de Siovanne, a escuchar la apasionante y “entretenida” historia de Anne.
- ... Y el otro día vi la última parte de la saga “Solsticio” y... ¡¿vieron al vampiro?! ¡Estaba re bueno!
Sio tenía la misma cara de consternación e ignorancia que yo.
- Eh, ¿era una película muggle? – pregunto dubitativamente.
- ¡Sí! Pero es muy conocida... ¿no escucharon hablar de ella?
Negué con la cabeza, pero no me sorprendió que Sio la conociera. Su padre es muggle y tienen muchos artefactos locos en su casa.
- La conozco, pero... La película debe ser muy mala... y el chabón no está bueno... – sentenció mi amiga-.
- Pero no entiendo... Si es una película muggle, ¿por qué habla de vampiros? – pregunté.
Annette se me quedó mirando un momento antes de responder. No sabía qué contestarme.
- Nena, ¿te crees que los vampiros son solo para los magos? – dijo al fin.
- No hablo con gente que tiene vampirofilia – dije por lo bajo encogiéndome de hombros.
Annette es así, muy entusiasta (a veces hasta el hartazgo), pero le tengo mucho aprecio porque fue mi primera amiga en Hogwarts.
Es un poco más bajita que yo, flacucha y un poco loca. Lleva el pelo con ondas, de color marrón brillante, y ojos color café. A la mayoría de la gente le cae bien, y como es tan amigable, conoce a gran parte de la población de Hogwarts, pero eso también se debe a que está en muchos clubes (de ser, Club de Duelo, Coro, etc.).
- Yo conocí un vampiro, pero es todo menos lindo – dijo Rachel, metiéndose en la charla. Annette decidió ignorar el comentario y clavó sus ojos en la ventanilla.
No le importó que Anne desacreditara su comentario, y se dedicó a recoger su pelo rojo en una trenza. A su lado, Erica estaba ajena a la situación, leyendo El Profeta atentamente.
- ¿El Profeta dice algo interesante? – le pregunto al verla tan apartada.
- No mucho... Dice que en el Departamento de Misterios están guardando nuevas piedras filosófales... Si eso lo consideran interesante... – me respondió, sin apartar los ojos del diario.
Eri se aísla fácilmente (en eso se parece a mí); es capaz de quedarse colgada mucho tiempo sin darse cuenta. Es más bajita y flaca incluso que Anne, y lleva su melena marrón enmarañada atrapada en una trenza. Su contextura menuda la hizo perfecta para ser buscadora del equipo de Quidditch de Ravenclaw, sin embargo no le da mucha importancia a esto pese a su talento.
De repente, se escucha un maullido en el compartimiento. Tal vez sea la gata de Eri, Penumbras, pero cuando veo que Siovanne se levanta y se dirige al estante de arriba de los asientos, me doy cuenta que era Pepper.
Cuando se volvió a sentar, tenía a su gato marrón atigrado en el regazo. Ronroneaba muy sonoramente, y no tardó en quedarse dormido. Era adorable.
A las dos nos gustan mucho los gatos, pero no por eso somos amigas. Siempre me hinchaba las pelotas porque me cuelgo, o soy desprolija, pero igual la quiero mucho. Siempre la pasamos bien juntas. Es mi mejor amiga.
- ¿Trajiste tu camarita? – le pregunto, sin despegar la vista del animal.
- Sí, pero no creo que sirva de mucho... Aparte, me la pueden sacar... – dice quedamente.
- Bueno, pero no saques al Castillo y listo – dice Anne.
- ¡Nosotras te ayudamos a ocultarla de los prefectos! – digo con entusiasmo.
- Gri, yo soy prefecta.
Había olvidado por completo ese detalle, y me sentí un poco tonta. Pero, ¿qué hacia con nosotras? ¿No tendría que estar cumpliendo con sus obligaciones de prefecta?
Como si me hubiera leído la mente, o tal vez solo miró mi ceño fruncido, dijo:
- Hablando de eso, me tendría que ir a corroborar que todo esté en orden... Le dije a Liam que me iba a tomar cinco minutos para acomodar mis cosas acá...
Acarició cariñosamente a su gato antes de volver a ponerlo en su jaulita. Noté que no le hacía mucha gracia tener que irse.
Al cabo de un rato llegó la vendedora de dulces y compré muchas ranas de chocolate. En varias aparecía Dumbledore (ese ya lo tengo L), igual, en general, no me tocó ninguna que no tuviera.
Pasamos la tarde comiendo y charlando, hablando de las vacaciones. Les conté cuando fui a la casa de Siovanne y me mostró el ¡artefacto más loco de todos! ¡Un celular! Tenía todos las cosas raras de los muggles en un solo aparato. Y encima, ¡era diminuto!
En eso, pasa por el pasillo Mark Mason, el guardián del equipo de Quidditch de Slytherin.
- Mira, Anne, ahí iba tu novio...! – digo jodiendo. Era más que sabido que a ella le gustaba.
- No, ojalá... – dice, contemplando la ventanita de la puerta, en el lugar donde segundos antes había estado el jugador.
- Ese tipo es un forro. Ni siquiera es tan lindo, no entiendo que le viste – dice Rachel con desprecio.
- Mal, encima es de Slytherin... qué mal ojo que tenés, Ann – agregué.
- No es tan forro... y sí es lindo... – en cualquier momento se le caía la baba...
- Decís eso porque no estuviste con nosotras el año pasado... – dije con enfado...
Les recordé cuando una vez, en quinto, después de una clase de herbología, Mark iba caminando con Lucy Donovan, de Hufflepuff, unos metros delante de Siovanne y yo. Al principio no les dimos bola, pero en un momento escuchamos que él le decía:
- Sos una tarada, ¿qué hacés con un despreciable muggle?
- Vos sos el tarado, nene. Si venís a hablar conmigo para decirme eso, andate – le respondía enojada.
- Al menos no soy un estúpido traidor a la sangre como vos.
- Pero sos un pelotudo. Dejame en paz.
Se alejó, caminando más rápido, y Mark se quedó solo...
- No entiendo porqué perdés el tiempo con él si sabés que le tiene ganas a Lucy – exclamó Eri, fastidiada.
- Bueno, pero ella está con otro... En algún momento le va a dejar de gustar – dijo esperanzada Annette.
Afuera, el cielo empezaba a oscurecerse y la conversación tomó otro rumbo.
Cuando entramos al Castillo, observé todo detenidamente. Hogwarts nunca cambiaba, siempre estaban los mismos cuadros y armaduras. No pude evitar recordar el primer día, cuando entré por primera vez y solo tenía 11 años. Éramos todos unos enanitos.
Fuimos guiados por el profesor Flitwick, nuestro jefe de casa, profesor de encantamientos y subdirector; hasta el gran salón.
La primera persona que conocí fue a Annette, en el tren. Era minúscula y con voz chillona. Tenía siempre los ojos muy abiertos, todo la sorprendía, ya que al ser hija de muggles no conocía prácticamente nada. Fue una de las primeras en enterarse que pertenecía a Ravenclaw. Después de 35 alumnos más o menos, yo ya estaba muy impaciente.
- Ülrich, Matthew – llamó Flitwick. Un chico moreno se dirigió decidido hacia el taburete donde estaba el Sombrero Seleccionador.
- ¡Slytherin! – dijo este con entusiasmo.
- White, Kalhen – llamó el profesor.
- ¡Slytherin! – repitió.
Yo era la última en la lista, y con Siovanne fuimos las últimas dos en ser ubicadas en una casa.
- Williams, Siovanne
Vi como ella se dirigía hacia el Sombrero, dejándome sola. Parecía nerviosa.
- ¡Ravenclaw! – vociferó el objeto parlanchín.
- York, Greta
Ok, ahí voy yo. Mis manitos temblaban. Si me elegían en Hufflepuff me iba a sentir muy sosita...
- ¡Ravenclaw!
Suspiré con alivio y me dirigí a mi mesa, donde todos aplaudían, al encuentro de mis futuras amigas.
Ahora las cosas seguían siendo similares, salvo por los años. Ahora éramos nosotras quienes veíamos a los nuevos alumnos ser elegidos.
Una vez terminada la ceremonia de Selección, la directora McGonagall se puso de pie y dijo:
- ¡Bienvenidos a todos! Ahora, ¡a comer!.
Los discursos de McGonagall solían ser coros y directos.
Cuando la comida apareció, todos se lanzaron sobre ella. ¡Dios, esos elfos sí que saben cocinar!
Después de muchos platos de comida y postres, McGonagall volvió a ponerse de pie y dirigió unas palabras al alumnado, que eran más menos las mismas que dice todos los años:
- ¡Buen Provecho! Espero que hayan comido bien – hizo una pausa y sonrió a los alumnos. Luego, siguió:- ¡Bienvenidos a un nuevo año de Hogwarts! Como todos los años, tengo que hacerles un par de anuncios.
“Todos los alumnos deben saber que los bosques del castillo están absolutamente prohibidos. Así mismo, tampoco deben hacer magia en los recreos, en los pasillos, tal como me pidió el celador Goldth que les recuerde.
“Los que deseen jugar en el equipo de Quidditch de sus respectivas casas, deben hablar con los jefes de las mismas, como suele hacerse.
“Tenemos el agrado de presentarles a un nuevo profesor de Defensa Contra Las Artes Oscuras, el Prof. Ben Gibston.
El susodicho se paró e hizo un leve gesto con la cabeza mientras que algunos lo aplaudían.
- Los alumnos de primero serán conducidos a sus casas por sus respectivos prefectos – prosiguió la directora -. Sin demorarlos más, buenas noches, y que descansen.
Sin hacernos rogar mucho, nos levantamos de la mesa para irnos a la cama. Me causo mucha gracia la cara de fastidio que ponía Siovanne al llevar a los alumnos de primero a la sala común. Su paciencia era opcionalmente limitada.
Rach, Eri, Ann y yo fuimos por nuestro lado. Tomamos un par de atajos para llegar a la torre.
- ¿Que es lo que aún no ha sido, que debe de ser, pero cuando lo sea, ya no lo será?- preguntó la cabeza del águila cuando llegamos a la puerta de la sala común.
Miré a las tres chicas con cara de no entender un carajo. Las otras no se percataron de mi ignorancia, y se dedicaron a pensar durante unos momentos.
- El mañana – dijo Erica confiada. La cabeza dijo, con su voz musical:
- Bien pensado.
A mí nunca se me hubiese ocurrido eso. Menos mal que voy acompañada.
Entramos a la sala común, donde había mucha gente riendo y hablando. Sin detenernos a mirar mucho, fuimos rápido a nuestra habitación porque el cansancio nos ganaba.
Nuestros baúles y demás cosas ya estaban allí. Elegí una de las camas cerca de la ventana y agarré rápidamente un camisoncito de entre mis cosas y me cambié a toda velocidad, mientras mis amigas hacían lo propio.
No tenía mucho sueño, pero tenía que dormir. No quería estar como un maldito ínferi en mi primer día de clases.
Acostada en la cama, escuché como Eri y Anne hablaban por lo bajo. Escuché que en un momento nombraban a Mason, y después que Anne decía:
- Bueno, ya está, no me jodan…
Creí que me había quedado dormida, cuando repentinamente entra Sio en la habitación.
- Esos pendejos de primero son peores cada año. ¡Me volvieron loca! Liam por poco los manda a la mierda… - decía exasperada-. Qué suerte que ya estoy acá para poder descansar…
Nadie le dijo nada, pero creo que ella no esperaba respuesta tampoco. En algún momento, no estoy muy segura de cuándo, me quedé dormida y no me enteré de nada más.
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